Las vacaciones son, ante todo, un tiempo para descansar. Después de meses de clases, trabajos, exámenes y madrugones, es lógico que apetezca soltarlo todo y no volver a ver un cuaderno en semanas. El problema aparece cuando “desconectar” se convierte en “olvidarlo absolutamente todo” y septiembre llega como un muro contra el que chocas de golpe. Por eso, más que elegir entre estudiar o descansar, te propongo una tercera opción: descansar bien… manteniendo un mínimo de hábito de estudio.

Durante el curso has ido construyendo pequeñas rutinas: sentarte a una hora concreta, preparar la mochila, hacer deberes después de comer, repasar antes de un examen. Si en verano cortas de raíz todo lo relacionado con los estudios, es como si apagaras el motor por completo. Volver a encenderlo en septiembre cuesta el doble. En cambio, si mantienes algunos “microhábitos” muy ligeros, la vuelta se hace mucho más suave.

¿Qué son estos microhábitos? No hablo de estudiar tres horas al día ni de vivir con el libro a cuestas en la playa. Se trata de cosas pequeñas, fáciles de cumplir, que te mantienen en contacto con el aprendizaje sin quitarte vacaciones: leer 10 o 15 minutos al día, repasar una ficha de resumen una vez cada dos días, resolver un par de ejercicios de esa asignatura que más te cuesta una vez por semana. Son acciones tan breves que casi no molestan, pero suficientes para que tu cerebro no se “oxide” del todo.

Por ejemplo, si estás en ESO o Bachillerato, puedes aprovechar para leer una novela que te guste, no necesariamente del temario, pero que mantenga tu atención y tu vocabulario en movimiento. Si estás en la universidad, quizá te convenga repasar brevemente apuntes de una asignatura clave para el próximo curso o revisar cómo organizas tus documentos digitales, carpetas y archivos. Otra opción es ver vídeos cortos sobre temas que te interesen de tu carrera o de las asignaturas que sabes que se te atragantan más.

También puedes convertir el repaso en algo más agradable: estudiar en la terraza, en una cafetería tranquila o en la biblioteca con aire acondicionado; usar colores, esquemas o mapas mentales en vez de limitarte a releer apuntes, o incluso estudiar con alguien un día concreto y luego salir a dar una vuelta. Lo importante es que esas pequeñas rutinas no sientan como un castigo, sino como una inversión mínima para cuidarte a medio plazo.

Recuerda que las vacaciones no son un “paréntesis” en el que tu vida se detiene, son parte de tu año. Si durante estas semanas cuidas un poco tu descanso y un poco tu mente, el futuro tú, el de septiembre, te lo agradecerá. No necesitas estudiar como en época de exámenes; solo hace falta que, entre playa, piscina, trabajo de verano o quedadas con amigos, reserves unos minutos para ti y para tus objetivos. 

Desconectar sí, pero sin desenchufarte por completo.